Ojos para ver

 Yolanda Pantin, 2013

Ojos para ver

¿Qué será lo que tanto valoro, lo que me llena de alegría cuando visito a Isabel Cisneros en su taller donde casualmente tienen su oficina los editores de Ratón y Vampiro? Son las pequeñas cosas que se van tejiendo en el arte de encontrar correspondencias.
Isabel mira lo que no vemos. Tiene esa facultad extraordinaria que en lo personal valoro en tiempos de ceguera. Tiene ojos para ver. Me viene a la mente la imagen de Santa Lucía o aquel frasco en el mercado de Mérida que de vez en cuando me golpea con su lleno vítreo para pedirme: Mira.
Sobre la mesa donde Isabel trabaja, entre fotografías personales que la generosa luz ha ido borrando sin pausas y sin prisa, hay un cuadrito que representa las manos de una mujer muy en la estética de los años 50´. ¡Es precioso! Tan pequeña y tan modesta ilustración como de revista primorosamente femenina, ¿de dónde lo habrá sacado? ¿por qué traigo ahora esa imagen cuando intento escribir sobre el arte de esta artista?
Será por las manos de las modistas. Todas las piezas de esta muestra están íntegramente realizadas en tela, las mismas que Isabel encuentra en las tiendas del ramo. Son esculturas que ella ha animado con hilo, aguja y dobleces. Es fantástica la manera cómo Isabel ha ido incorporando nuevos materiales, sacándoles provecho para hacer su obra. En su búsqueda, fue repasando los hornos, los muestrarios de las ferreterías, hasta terminar como la niña que sigue la pista en un cuento, delante de las puertas de una mercería. Todo tan prolijo, tan perfectamente ordenado en sus cajitas.
Adoro esos cuentos donde en el fondo está la madre, ese dar vueltas como en remolinos, en círculos, para llegar al centro buscando lo que se nos ha perdido, como ocurre en esta hilada historia animada en un principio por las obras de María Fernanda Cardozo, y Olga de Amaral.
Todo lo que ahora vemos surgió de la carencia, de lo que se acabó, de lo que ya no viene, y de lo que ahora abunda en el comercio: cerros de telas. Porque Isabel encuentra donde no hay. ¡Qué don el suyo! ¡Y qué fuerza cuando empezó a darle porosidad y flexibilidad a la arcilla para hacerla dúctil como una tela! Es así como se cierra el círculo con los pesados y majestuosos ropajes del Moliere de Ariane Mnouchkine, aquella maravilla, o los paños que minuciosamente doblaba en escena la actriz Nuria Espert en el montaje de Doña Rosita la Soltera que Isabel vio hace siglos en Caracas, o la alfombra roja donde desfila el arte de la alta costura, o atrás, muy lejano, el recuerdo de un closet de lencería.

Eyes to see

What is that I appreciate so much, what fills me with joy when I visit Isabel Cisneros in his workshop? It’s the little things that are woven in the art of matching.
Isabel sees what we don’t see. She has this extraordinary power that I personally appreciate in times of blindness. She has eyes to see. There comes to my mind the image of Santa Lucia, or that bottle Merida market that occasionally hits me with your full vitreous to ask : Look.
On the table where Isabel works, among personal pictures that have been blurred by the generous light without breaks and without hurry, there is a picture that represents the hands of a pretty women in the 50s’ aesthetics. It’s beautiful! So small and so modest magazine illustration, exquisitely feminine, where did he get ? Why bring that image now when I try to write about the art of this artist?
It will be by the hands of the dressmakers. All parts of this show are entirely made in fabric, founded in stores. These are sculptures animated with thread, needle and folds. It’s great the way Isabel has incorporated new materials, taking out to do his work. In her quest, she was going over the furnaces, the hardware samplers, ending as the girl who keeps track on a story in front of the doors of a haberdashery. Everything so neat, so well ordered in their boxes.
I love those stories where in the background is the mother, such as swirls spinning in circles to get to the center looking for what we have lost, as in this animated tale spun at first by the works of Maria Fernanda Cardozo, and Olga de Amaral.
All you now see came from the lack of what became of what no longer is, and what now abounds in trade: hills of fabrics. Because she found where there is nothing. What a gift! And what force when he started to give flexibility and porosity to clay to make it soft like fabric! Thus, the circle is closed, with heavy and majestic robes of Moliere Ariane Mnouchkine, that wonder, or cloths that folded carefully stage actress Nuria Espert in the assembly of Doña Rosita the Single that Isabel saw years ago in Caracas, or the red carpet with the haute couture, or backward, far away, the memory of a linen closet.

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