Isabel Cisneros y Vicente Antonorsi

Anny Bello 

ArtNexus, #111. diciembre 2018-febrero 2019

Isabel Cisneros y Vicente Antonorsi

La exposición “Desenrollados” reúne a Isabel Cisneros y Vicente Antonorsi, en los espacios de La Caja, Centro Cultural Chacao, bajo la curaduría de Marisela Chivico. Estos artistas de amplia trayectoria han consolidado lenguajes artísticos marcadamente particulares que, pese a sus distintas narrativas, coinciden en su interés por la experimentación de los materiales y las técnicas. A ambos los une la amistad y, como artistas, ya habían tenido un encuentro en 2007, cuando hicieron dupla en la muestra “Acumulaciones, diálogos visuales”, presentada en la Sala Trasnocho Arte Contacto, en Caracas. Después de casi once años, vuelven a reunirse en este proyecto, “Desenrollados”. El término alude a resoluciones formales, pero también invita a detenerse en la capacidad de sublimación del arte como respuesta positivas a situaciones de crisis.

El diálogo de obras en el espacio genera un rico intercambio de visiones y nos acerca a un tratamiento lúdico de los formatos, las texturas, las densidades y los colores que proporcionan los hilos, los tejidos, las maderas, los materiales reciclados. La libertad con la que los artistas asumen la resolución de este proyecto se percibe en la autonomía que tuvieron para apropiarse del espacio expositivo. Así, se observa la ruptura de los límites en las dimensiones de algunas de las obras, o por el contrario, cómo estas se adaptan a los ángulos de las paredes, a los techos, las nervaduras. La curadora Chivico destaca la idea de “desenrollar el hilo” para luego realizar una transformación plástica de este.

Isabel Cisneros plantea conceptos asociados a la acumulación, la repetición, el reciclaje y la memoria. Su formación como ceramista la ha cruzado con el tejido, del que ha aprovechado sus cualidades, y con técnicas y materiales que amplían las posibilidades expresivas de su trabajo. La artista comenta que para esta exposición se hizo de materiales encontrados en su taller -hilos, cintas, telas-, a los que rasga, teje, anuda, deshilacha, acentuando de ellos su “memoria” y generando una obra vital, orgánica. Cisneros desmiembra los objetos y extrae las partes que le ayudan a potenciar su discurso, como en U-matic, de 2018. En esta instalación reunió un grupo de carretes de video, colocados en serie sobre la pared, en horizontal. Junto con los balances rítmicos y cromáticos de los dispositivos y las cintas que ha desarrollado, Cisneros plantea la vulnerabilidad de la tecnología y los archivos; un dispositivo caduco pierde vigencia, perdiendo con él la información almacenada. En otras de sus obras, como London Style, de 2002, Nube oQuinto elemento, ambas de 2018, la artista recobra la constitución del poliéster y de las cintas de nailon, haciéndolos flexibles y exaltando sus propiedades de enroscado o soltura. En M&J, también de 2018, utilizó carretes de hilo de similar tamaño, pero de distintos colores, dispuestos repetidamente como un tejido de seis columnas. La intención que anima la propuesta de Cisneros es favorecer un encuentro lúdico, de interacción entre espectador y obra.

Por su parte, Vicente Antonorsi, artista plástico, arquitecto y diseñador gráfico con estudios en Textiles, presenta en “Desenrollados” piezas en las que emplea madera, cordones y ganchos de hierro galvanizado. Sus series con hilos y maderas las titula Bolillos cuadrados, Bolillos magníficos o Bolillos cortos, todas de 2018, por un tipo de nudo que emplea, tradicional de Brujas (Bélgica). Sobre una tablilla intervenida con una retícula de pequeños tubos de madera, realiza con el cordón un dibujo de figuras geométricas que están ajustadas a un patrón, que puede tener infinitas combinaciones. Trama es otra de las series en las que proyecta entramados lineales en el espacio con cordones elásticos tomando como puntos de sujeción las paredes, el techo y el piso. De esta serie, un grupo de piezas presenta dimensiones precisas; las otras son instalaciones in situde medidas variables con las que interviene la estructura arquitectónica, tanto de la sala de exposición como los espacios exteriores del edificio. El artista rompe los límites, se arriesga, se vincula profundamente con su entorno y devuelve una respuesta contundente de convivencia entre arte y arquitectura.

Las visiones de ambos artistas están en permanente diálogo. La obra de Cisneros colorida, maleable y orgánica, interactúa con la propuesta lineal, de neutralidad en el color, estructural, y en ocaciones orgánica, de Antonorsi. Las coincidencias y las diferencias engranan en un poderoso encuentro. El resultado es un claro ejemplo del calor social y estético del arte como lenguaje que penetra sutilmente capas ideológicas de delicado acercamiento.

Isabel Cisneros esculpe obras de arte con telas multicolores

Carmen Victoria Méndez 

El Nacional, 7 de junio 2013

Algunas telas aportan volumen por sí mismas; otras, al plancharlas, adquieren las características de un papel para hacer origami. Isabel Cisneros propone una investigación de los materiales textiles para crear obras de arte contemporáneo en su individual más reciente, titulada Ablandando hasta el agua.

La exhibición reunirá 14 piezas en la galería D’Museo a partir del domingo.

Aunque se trata fundamentalmente de esculturas blandas, algunas terminaron transformándose en dibujos, por las características de las telas empleadas.

Hace varios años que Cisneros, ceramista de formación, decidió experimentar con materiales de costura. Lo hizo motivada por las limitaciones que tienen las artes del fuego en cuanto a disponibilidad de materiales.

Todavía hago cerámica. No lo puedo dejar, pero con las telas tengo la libertad del color y la liviandad que no me da la arcilla. La cerámica me apasiona pero siempre tengo la restricción del peso, la fragilidad y lo lento que es la producción de una pieza.

Las referencias de la artista a la hora de crear con telas son dos colombianas: Olga Amaral y María Fernanda Cardoso. Ha observado cómo manejan el espacio, la repitencia y las secuencias. El resto le viene dado de su propia formación como escultora y por la opacidad, brillantez, translucidez, liviandad, densidad o plasticidad que caractericen el tejido elegido en la mercería. Cisneros presenta, entre otras obras, un volumen en forma de flor elaborado con conos cosidos y organizados en columnas, hechos a partir de una malla que se emplea en la fabricación de calzados deportivos.

Con el paso de los años me ha ido gustando más ir probando materiales, ver cómo los puedo transformar en otras cosas para las que no estaban pensados.

Una de las piezas más llamativas es una instalación de 17 gallos hechos con cierres de colores. La artista mantuvo como referencia cromática la lata de aceite de oliva, una suerte de ícono pop en tierras venezolanas. Cisneros también exhibirá una serie de dibujos creados a partir de tules colgados en la pared, y 2 piezas concebidas como pinturas, hechas con nido de abeja sobre tafetán tornasolado. Hay obras tridimensionales que parten del sistema constructivo de las churuatas. En una de las creaciones el volumen viene dado por la presencia de lentejuelas; y en otra, por los dobleces a los que la artista somete el material. El color es una de las características más atractivas de la obra de Cisneros. Viene dado por los textiles. Me permito jugar con hilos encontrados de dos tonalidades diferentes. La ventaja es que en el país se consigue mucha tela, eso te activa mucho la cabeza. Es un mundo muy amplio y variado que tiene muchas características que como artista puedo aprovechar, desde el sistema de tejido y el hilo que se utiliza hasta las distintas gamas cromáticas. Eso te abre mucho campo para la experimentación.

Ojos para ver

Yolanda Pantin, 2013

Ojos para ver

¿Qué será lo que tanto valoro, lo que me llena de alegría cuando visito a Isabel Cisneros en su taller donde casualmente tienen su oficina los editores de Ratón y Vampiro? Son las pequeñas cosas que se van tejiendo en el arte de encontrar correspondencias.
Isabel mira lo que no vemos. Tiene esa facultad extraordinaria que en lo personal valoro en tiempos de ceguera. Tiene ojos para ver. Me viene a la mente la imagen de Santa Lucía o aquel frasco en el mercado de Mérida que de vez en cuando me golpea con su lleno vítreo para pedirme: Mira.
Sobre la mesa donde Isabel trabaja, entre fotografías personales que la generosa luz ha ido borrando sin pausas y sin prisa, hay un cuadrito que representa las manos de una mujer muy en la estética de los años 50´. ¡Es precioso! Tan pequeña y tan modesta ilustración como de revista primorosamente femenina, ¿de dónde lo habrá sacado? ¿por qué traigo ahora esa imagen cuando intento escribir sobre el arte de esta artista?
Será por las manos de las modistas. Todas las piezas de esta muestra están íntegramente realizadas en tela, las mismas que Isabel encuentra en las tiendas del ramo. Son esculturas que ella ha animado con hilo, aguja y dobleces. Es fantástica la manera cómo Isabel ha ido incorporando nuevos materiales, sacándoles provecho para hacer su obra. En su búsqueda, fue repasando los hornos, los muestrarios de las ferreterías, hasta terminar como la niña que sigue la pista en un cuento, delante de las puertas de una mercería. Todo tan prolijo, tan perfectamente ordenado en sus cajitas.
Adoro esos cuentos donde en el fondo está la madre, ese dar vueltas como en remolinos, en círculos, para llegar al centro buscando lo que se nos ha perdido, como ocurre en esta hilada historia animada en un principio por las obras de María Fernanda Cardozo, y Olga de Amaral.
Todo lo que ahora vemos surgió de la carencia, de lo que se acabó, de lo que ya no viene, y de lo que ahora abunda en el comercio: cerros de telas. Porque Isabel encuentra donde no hay. ¡Qué don el suyo! ¡Y qué fuerza cuando empezó a darle porosidad y flexibilidad a la arcilla para hacerla dúctil como una tela! Es así como se cierra el círculo con los pesados y majestuosos ropajes del Moliere de Ariane Mnouchkine, aquella maravilla, o los paños que minuciosamente doblaba en escena la actriz Nuria Espert en el montaje de Doña Rosita la Soltera que Isabel vio hace siglos en Caracas, o la alfombra roja donde desfila el arte de la alta costura, o atrás, muy lejano, el recuerdo de un closet de lencería.

Eyes to see

What is that I appreciate so much, what fills me with joy when I visit Isabel Cisneros in his workshop? It’s the little things that are woven in the art of matching.
Isabel sees what we don’t see. She has this extraordinary power that I personally appreciate in times of blindness. She has eyes to see. There comes to my mind the image of Santa Lucia, or that bottle Merida market that occasionally hits me with your full vitreous to ask : Look.
On the table where Isabel works, among personal pictures that have been blurred by the generous light without breaks and without hurry, there is a picture that represents the hands of a pretty women in the 50s’ aesthetics. It’s beautiful! So small and so modest magazine illustration, exquisitely feminine, where did he get ? Why bring that image now when I try to write about the art of this artist?
It will be by the hands of the dressmakers. All parts of this show are entirely made in fabric, founded in stores. These are sculptures animated with thread, needle and folds. It’s great the way Isabel has incorporated new materials, taking out to do his work. In her quest, she was going over the furnaces, the hardware samplers, ending as the girl who keeps track on a story in front of the doors of a haberdashery. Everything so neat, so well ordered in their boxes.
I love those stories where in the background is the mother, such as swirls spinning in circles to get to the center looking for what we have lost, as in this animated tale spun at first by the works of Maria Fernanda Cardozo, and Olga de Amaral.
All you now see came from the lack of what became of what no longer is, and what now abounds in trade: hills of fabrics. Because she found where there is nothing. What a gift! And what force when he started to give flexibility and porosity to clay to make it soft like fabric! Thus, the circle is closed, with heavy and majestic robes of Moliere Ariane Mnouchkine, that wonder, or cloths that folded carefully stage actress Nuria Espert in the assembly of Doña Rosita the Single that Isabel saw years ago in Caracas, or the red carpet with the haute couture, or backward, far away, the memory of a linen closet.